PLUME


 FilosofÍa
  Illya Prigogine fue galardonado con el Premio Nobel de Química en el año 1977.
  Por su pensamiento y su filosofía, está considerado como una de las mentes más brillantes
  del Siglo XX. Perfil de Prigogine Leer

INDICE
 : EDITORIAL 
 : Literatura 
 : Teatro 
 : El Reportaje 
 : Columnista Invitada 
 : GalerÍa de arte 
 : MÚsica 
 : Cine 
 : GastronomÍa 
 : Actividades Culturales 
 : Historia 
 : FilosofÍa 
 : Mitos y Leyendas 
 : Entretenimiento 
 
spaceTiempo estimado de lectura: 17 minutos
Illya Prigogine: El Descubrimiento del Tiempo
El hombre se siente extraño al universo creado por la ciencia; su experiencia personal del tiempo y de la creación, desafía la racionalidad científica. Se produce así una dicotomía entre ciencia y filosofía.  A continuación un fragmento de la Conferencia Marc Bloch1 pronunciada por Prigogine el 10 de junio de 1987 en el Gran Anfiteatro de la Sorbona. Se la reconoce como la declaración de uno de los grandes genios de nuestro tiempo sobre el  “nuevo diálogo entre el hombre y la naturaleza”.
Illya Prigogine
Illya Prigogine, físico, químico y
profesor universitario nacido en Rusia.
¿Qué pasará si...? ¿Qué habría pasado si...? Son éstas preguntas no sólo de historiador, sino también de físico frente a un sistema que ya no puede representarse como manipulable y controlable. Estas preguntas no remiten a una ignorancia contingente y superable sino que definen la singularidad de los puntos de bifurcación, donde el comportamiento del sistema se vuelve inestable y puede evolucionar hacia varios regímenes de funcionamiento estables. En tales puntos, un "mejor conocimiento" no nos permitiría deducir lo que ocurrirá, sustituir la certidumbre a las probabilidades. Es pues el "diagrama de las bifurcaciones", el "mapa de los posibles" que explora un sistema cuando se ha apartado progresivamente del equilibrio por una modificación de sus relaciones con su medio, el que determina en cada caso lo que será previsible, y lo que sólo seremos capaces de constatar y contar.
Igualmente lejos del equilibrio, un sistema puede volverse sensible a algunos aspectos de su propia realidad que eran insignificantes en equilibrio. Es el caso, como hemos visto, de la no-linealidad de los procesos que se producen en dicho sistema, pero es igualmente el caso para una fuerza tal como la fuerza de gravitación. Ésta no tiene efecto observable en un sistema en equilibrio, pero sin ella las celdas de Bénard no se formarían. Es pues la actividad disipativa misma quien determina lo que, en la descripción de un sistema físico-químico, es pertinente o puede ser despreciado.
¿A qué es sensible un ser? ¿Por qué puede ser afectado? ¿De qué le hacen capaz sus relaciones con su mundo? Tales cuestiones toman ya sentido para "seres" tan simples como los sistemas físico-químicos. ¿Por qué no se plantearían más urgentemente aún a los que estudian los seres vivos, dotados de memoria, capaces de aprender y de interpretar? ¿Cómo no encontrarían un sentido aún más crucial cuando se trata de hombres a los que el lenguaje hace sensibles a la indefinida multiplicidad de sus pasados, de los futuros que pueden temer o esperar, de las lecturas divergentes que estallan desde el presente? ¿No son las ciencias, ellas mismas, uno de los vectores de esta sensibilidad? Para los hombres de hoy, el "big bang" y la evolución del Universo forman parte del mundo, con el mismo derecho que, ayer, los mitos del origen. ¿Cómo juzgar a priori lo que "es" el hombre, cuáles son los conceptos pertinentes para definir su identidad si ya la identidad de un sistema físico-químico es relativa a su actividad? ¿Cómo un físico, después del descubrimiento del papel crucial de las relaciones lineales en física, podría ignorar la singularidad de la historia de los hombres donde tales relaciones son omnipresentes, enredando puntos de vista locales, visiones globales, representaciones divergentes del pasado, del presente y del porvenir?
Los instrumentos conceptuales producidos por la física de los sistemas disipativos ya no son los instrumentos de un juicio, destinado en principio a diferenciar entre las apariencias anecdóticas, circunstanciales, y una verdad general. Son instrumentos de exploración, susceptibles de engendrar nuevas cuestiones, de suscitar distinciones inesperadas. Así ocurre por ejemplo con el descubrimiento de la gran diversidad de los atractores. Ya he aludido a los atractores "puntuales", el estado de equilibrio principalmente, a los atractores periódicos, que traducen los "relojes químicos". Pero conocemos desde hace algunos años atractores caóticos que confieren a un sistema, descrito sin embargo por ecuaciones deterministas, un comportamiento errático. ¿Qué pertinencia tendrán tales instrumentos en la exploración de esta realidad múltiple, concreta, que es la de la naturaleza y la historia de los hombres? No puedo detenerme aquí para describir los temas donde ya intervienen, el de la meteorología o el del origen de la vida, principalmente. El punto esencial, me parece, es que el ejemplo de la física ya no puede arrastrar a otras ciencias a "fisicalizar" su objeto, sino que debe, por el contrario, abrirlas al problema que comparten con la física, el problema del devenir.

Cuando, en 1917, Einstein propuso el primer modelo del Universo, se trataba de un Universo estático, eterno, expresión físico-matemática de la tautología parmenidiana "el ser es". Desde 1922, estaba claro para los matemáticos que las soluciones naturales a las ecuaciones de Einstein designaban un Universo no eternamente idéntico a sí mismo, sino ya en contracción, ya en expansión, y la observación de las galaxias lejanas concluyó: estas galaxias se alejan de nosotros a un ritmo tanto más rápido cuanto más alejadas están, es decir que las observamos tal y como fueron en un pasado más distante. Nuestro Universo está por tanto en expansión. Pero es el descubrimiento de la radiación fósil, en 1965, lo que, según palabras de Wheeler, confrontó a la física con la más grande de sus crisis, es decir, forzó a los físicos a tomarse en serio la consecuencia de un Universo en expansión: en el origen de esta expansión, hace quince mil millones de años, se piensa hoy, toda la materia y la energía que constituye nuestro Universo ha debido estar concentrada en un punto sin dimensión. Con la radiación "fósil", los ecos del "Big Bang", como lo había denominado con burla Fred Hoyle, llegaban hasta nosotros.
Los fotones de longitud de onda centimétrica que bañan la totalidad del Universo observable son para los astrofísicos el testimonio de que la materia, que es el objeto de las leyes físicas actuales, no es un "dato", sino el producto de una historia que ha acompañado a la expansión del Universo y cuyos fotones, productos residuales inertes, permiten medir el coste entrópico: en el seno de nuestro Universo hay alrededor de 10 o 10 fotones por un barión, una partícula material de estructura compleja como el protón o el neutrón.
Universo inmutable o Universo destinado a la muerte: si bien estas dos concepciones se inspiran en la ciencia, sus raíces se remontan mucho más lejos en la historia del pensamiento humano. En cambio, quién hubiera podido imaginar que podamos vernos abocados a situar la "muerte térmica" del Universo no en el final de su historia sino en su origen, a concluir que el orden que caracteriza nuestro Universo actual no es un orden superviviente de la degradación progresiva, sino un orden producido durante una explosión entrópica original. Y esta "explosión" podría traducir el nacimiento mismo de nuestro Universo. En efecto, según un argumento reciente, la singularidad inicial del "Big Bang" podría sustituirse por la inestabilidad de un espacio-tiempo original "vacío" en el sentido de la mecánica cuántica. Es en términos de producción irreversible de la materia-energía de nuestro Universo, y no de su concentración infinita, como deberíamos pensar el origen del Universo.
Podemos constatar aquí también el cambio de sentido del segundo principio de la termodinámica. Esta "muerte térmica", esta producción masiva de entropía que situamos en los orígenes de nuestro Universo ya no es, con toda seguridad, una muerte. Marca por el contrario el paso de un Universo vacío a un Universo poblado de energía y de materia actuales, evalúa el precio del paso a la existencia de nuestro Universo.
En cada nivel de la física, encontramos el tiempo irreversible asociado al devenir de la materia allí donde ayer leyes atemporales reducían este devenir a la repetición de lo mismo. Se podría tratar de ir más lejos, plantear la pregunta: ¿de dónde viene la flecha del tiempo? ¿Surgió con la ruptura primordial de simetría del "vacío cuántico"? Nada de eso: esta ruptura de simetría eventual, así como las condiciones de no-equilibrio en el mundo que conocemos, revela la existencia de la flecha del tiempo, pero no la crea. En efecto, nos hace falta presuponer ya la existencia de esta flecha del tiempo para demostrar la inestabilidad del Universo vacío, la posibilidad de que ciertas fluctuaciones desencadenen el mecanismo cooperativo que habría creado simultáneamente la materia y la curvatura del espacio-tiempo.
De forma más general, creo que hay que resistir la tentación de "explicar" la flecha del tiempo. Podemos hablar del tiempo de nuestro nacimiento, del de la caída de Troya, del tiempo de la desaparición de los dinosaurios, e incluso del tiempo del nacimiento del Universo, pero la pregunta "cuándo, o por qué, ha comenzado el tiempo" escapa a la física, así como a las posibilidades de nuestro lenguaje y de nuestra imaginación. El tiempo irreversible, la diferencia entre el pasado y el futuro, precede y condiciona tanto la realidad física como las preguntas del físico.
Marc Bloch había opuesto las ciencias, que, dividiendo el tiempo en fragmentos artificialmente homogéneos, lo reducen a una medida, y la historia: "Realidad concreta y viva, entregada a la irreversibilidad de su impulso, el tiempo de la historia, por el contrario, es el plasma mismo donde se producen los fenómenos y el lugar de su inteligibilidad".
Sin duda alguna, la distinción entre física e historia permanece, en el sentido de que la inteligibilidad física implica la identificación de objetos de comportamiento reproducible. Por supuesto, como ya he dicho, el comportamiento caótico no es reproducible individualmente, pero sabemos cómo producir un sistema de comportamiento caótico. Igualmente, podemos en lo sucesivo concebir una "receta" para crear un Universo y quizá en un futuro lejano, la expansión del Universo volverá a crear las condiciones de inestabilidad del vacío primordial. Por el contrario, una situación histórica no se prepara ni se reproduce. Sin embargo, esta distinción ya no es una oposición. Y ello porque la nueva coherencia que se perfila hoy en el interior del campo físico y, espero, entre los diferentes campos científicos, tiene por principio este tiempo irreversible del que hablaba Marc Bloch, productor de existencias nuevas caracterizadas por tiempos cualitativamente nuevos.
La física, se ve hoy como una ciencia joven, liberada de un modelo de inteligibilidad que, aunque ha podido fascinar a las otras ciencias, las enfrentaba con la física. Quizá por este cambio se encuentra por fin liberada de la relación estrecha que mantuvo desde su origen con el problema filosófico y teleológico de la Creación, de las "razones" últimas, intemporales, que darían su inteligibilidad al mundo. La transformación de la física que acabo de esbozar aquí traduce el carácter profundamente histórico de esta ciencia: al mismo tiempo solidaria con una tradición que seleccionó y privilegió una clase particular de objetos, y abierta, susceptible de construir a partir de los límites de esta tradición el sentido de lo que negaba. La física, incluso cuando ha sido llevada por su historia a plantear la pregunta del "origen del Universo", intenta, como las otras ciencias, construir el sentido de aquello de lo que no puede dar cuenta, ese tiempo irreversible que constituye a la vez la condición de sus objetos y de sus preguntas.


1- Marc Léopold Benjamin Bloch (6 de julio de 1886 - 16 de junio de 1944) fue historiador francés especializado en la Francia medieval, y fundador de la Escuela de los Annales.
Nacido en Lyon, en el seno de una familia judía alsaciana, hijo del profesor de historia antigua Gustave Bloch. Marc estudió en el Ecole Normale Supérieure y la Fundación Thiers en París, y también en Berlín y Leipzig. Durante la Primera Guerra Mundial perteneció a la infantería y fue condecorado con la orden nacional de la Legión de Honor.
En 1929 Bloch fundó, junto con Lucien Febvre, la importantísima publicación Annales d'histoire économique et sociale (llamada desde 1945 Annales. Économies, Sociétés, Civilisations), nombre utilizado para designar la nueva corriente historiográfica encarnada por Bloch y Febvre y conocida como Escuela de los Anales.
 

Perfil de Illya Prigogine.
Leer

 
plume.com.ar
© 2009 ! Todos los derechos reservados