PLUME

 Historia
  Hipólito Bouchard, corsario y argentino
  Un personaje versátil y contradictorio, para algunos un pirata, para otros un corsario; pero
  también un valiente guerrero, que luchó por la independencia, que surcó los mares bravíos
  y dejó su estela en más de veinte combates navales.
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Una de piratas
Capturó y destruyó buques enemigos, decomisó cargas de barcos negreros, libró a sus prisioneros, y plantó la bandera argentina allí donde esto tuviese para él un significado. Pero igual su historia parece una de piratas.

...
Todos los piratas tienen

atropellos que aclarar,
deudas pendientes y asuntos
de los que mejor no hablar.
Se beben la vida de un trago
y se ríen con descaro.

Hasta que un día, temblando
en la popa de un velero,
la encuentran, y traicionando
la ley del filibustero,
no reclaman el rescate
y rehúyen el combate.
...
Fragmento de Una de Piratas
Joan Manuel Serrat
Hipólito Bouchard
El Capitán Hipólito Bouchard
desde muy joven anduvo embarcado en buques pesqueros y mercantes, iniciándose así en la dura vida del mar.
"A las 8 horas desembarcamos, a las 10 estaba en mi poder la batería, y la bandera de mi patria tremolaba en el asta de la fortaleza", dice la bitácora de la fragata de combate La Argentina que recorrió el mundo. Durante seis días, California, la costa oeste de lo que ahora son los Estados Unidos, perteneció al territorio  Argentino. Ocurrió entre el 24 y el 29 de noviembre de 1818, cuando el capitán Hipólito Bouchard tomó la pequeña fortaleza de Monterrey, entre las entonces jóvenes ciudades de San Francisco y Los Ángeles, en lo que aún era territorio de la corona española, en guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Era la capital de la Alta California española, entre monasterios y presidios remotos. Todo el ejército español en la zona tenía unos 400 miembros y Monterrey tendría unos 600 habitantes, que se retiraron cuando llegó Bouchard, saqueó lo que quedaba y prendió fuego el resto.
No resultó una gesta heroica para sus detractores, no fue como lo de San Martín en Perú; lo que ocurrió en Monterrey fue algo pequeño –afirman-. Bouchard y sus hombres desembarcaron, marcharon y capturaron el fuerte sin resistencia porque los españoles usaron su estrategia típica de retirarse hasta que se marcharan los agresores”.
Algunos recuentos marcan que el gobernador español Pablo Vicente de Solá había dejado allí solamente 25 soldados para enfrentar a unos 200 marinos.
La historia oficial marca que tras duros combates, logró tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano por seis días en California. Tras el ataque a Monterrey, las tropas de Bouchard arrasaron la misión de San Juan, Santa Bárbara y otros poblados españoles de alta y baja California. El 25 de enero de 1819, bloqueó el puerto de San Blas y atacó Acapulco de México. En Guatemala destruyó Sonsonate y capturó bergantines españoles. En Nicaragua, tomó Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se apoderó de cuatro buques españoles. Bajó hacia el Perú siguió hostigando las posiciones españolas sobre el Pacífico. Las naves de Bouchard llegaron el 9 de julio de 1819 al puerto de Valparaíso, justo a tiempo para integrarse a la flota que San Martín preparaba para tomar Lima.
No obstante, los detractores argumentan que tan efectiva fue la retirada de los habitantes españoles, que en los seis días que siguieron al desembarco, Bouchard no habló con nadie porque todos se habían marchado y él también decidió seguir su lucha contra los españoles que comandaba el gobernador Solá en los aledaños.
Bouchard dejó, de todos modos, una marca en la historia. Además de varios monolitos y placas en distintos puntos de California, en un muelle de la ciudad de Santa Bárbara flamean las banderas de los países que alguna vez ocuparon California: España, Rusia, México, Estados Unidos... y la Argentina.
Cuenta Felipe Pigna que Hipólito Bouchard había nacido el 15 de enero de 1780 en Bormes, cerca de Saint Tropez (Francia). Desde muy pequeño se incorporó a la marina y en un barco francés llegó a Buenos Aires para quedarse en 1809, pocos meses antes del comienzo de la Revolución de Mayo.
Bouchard, un liberal francés, pronto comenzó a sentir una profunda simpatía por las ideas expresadas por el sector más radical de la Junta, liderado por Mariano Moreno, y puso sus conocimientos navales a disposición de la revolución. El gobierno lo nombró segundo comandante de la recientemente creada flota nacional. San Martín lo consideró un héroe y lo recomendó personalmente a Guillermo Brown.
En los Estados Unidos, Bouchard es considerado un corsario, pero en las zonas aledañas a Monterrey es visto como un pirata, sin más. Depende de qué lado de la historia se lo quiera ver. De barba larga, sombrero y vestimenta de pirata de película para chicos, es como se lo recuerda en el Festival de la Misión de San Juan Capistrano, donde a fines de octubre de cada año se recrea su saqueo de los depósitos de la orden y la borrachera de sus marineros con sus vinos y licores.
Bouchard era una persona muy dura con sus tropas, pero que tuvo el tino de respetar ciertas reglas: no tocó las misiones, ni las iglesias, y cumplió con su objetivo de hostigar a los españoles en cualquier parte del mundo.
Francés, veterano de las guerras de Napoleón, Bouchard también peleó junto con San Martín en la batalla de San Lorenzo y con Guillermo Brown contra naves y fortalezas españolas sobre las costas de Chile, Perú y Ecuador.
Ya ciudadano argentino, el 9 julio de 1817, en el primer aniversario de la independencia, se lanzó como corsario llevando consigo a otros dos marinos que dejarían surco propio: José María Piris y Tomás Espora. Con ellos circunnavegó el mundo, con escalas en Madagascar, Filipinas y Hawai.
Tiempo atrás, en 1815, había comenzado la campaña de guerra de corso dirigida por Brown, con la fragata "Hércules" y el bergantín "Santísima Trinidad" acompañado por la corbeta "Halcón" que Bouchard capitaneaba.
Pudieron apresar fragatas españolas y bloquear y atacar el puerto de El Callao. Atacaron las fortificaciones cercanas a Guayaquil. Más tarde volvieron a bloquear la entrada al puerto de El Callao y hundieron la fragata española Fuente Hermosa.
Pero la etapa más novelesca de la vida de Bouchard estaba por comenzar. Mitre la resumió de esta manera:
"...Una campaña de dos años dando la vuelta al mundo en medio de continuos trabajos y peligros, una navegación de diez o doce mil millas por los más remotos mares de la tierra, en que se domina una sublevación, se sofoca un incendio a bordo, se impide el tráfico de esclavos en Madagascar, se derrota a piratas malayos en Macasar, se bloquea a Filipinas, anonadando su comercio y su marina de guerra, se domina parte de Oceanía imponiendo la ley, a sus más grandes reyes por la diplomacia o por la fuerza; en que se toma por asalto la capital de la Alta California, se derrama el espanto en las costas de México, se
Mariano Moreno
La Fragata "La Argentina", al mando del Capitán Bouchard, zarpó de la ensenada de Barragán para cumplir
una campaña que durará dos años.
hace otro tanto en Centro América, se establecen bloqueos entre San Blas y Acapulco, se toma a viva fuerza el puerto de Realejo apresándose en este intervalo más de veinte piezas de artillería, rescatando un buque de guerra de la Nación y aprisionando o quemando como veinticinco buques enemigos…".
El 9 de julio de 1817, zarpó la fragata La Argentina -anteriormente una nave española llamada Consecuencia de la cual se habían apoderado- al mando del capitán Bouchard, desde la ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso, que habría de durar dos años.
Navegando por aguas del Atlántico Sur, llegó a Madagascar y frustró el embarco de esclavos que estaban a punto de concretar tres buques ingleses y uno francés.
La Argentina siguió navegando rumbo a las Filipinas para perjudicar el tráfico comercial de los buques españoles. Rechazaron el ataque de cinco buques piratas malayos. En las islas Hawai, Bouchard se entrevistó con el rey Kamehameha y firmó un tratado haciéndole reconocer la Independencia Argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán. El rey hawaiano gobernaba las islas hacía treinta años y los viajeros lo llamaban el Napoleón de la Polinesia. Había logrado formar una confederación de las islas hawaianas con capital en Karakakowa. Kamehameha le proveyó a Bouchard 100 marinos y le devolvió la goleta Chacabuco, capturada por sus hombres. La flota compuesta ahora por franceses, argentinos y hawaianos, puso proa a California, y llegó a su capital, Monterrey, el 22 de julio de 1818.
La travesía de La Argentina había durado dos años. Durante ese tiempo, Bouchard y su gente sostuvieron trece combates navales, capturaron o destruyeron veintiséis buques y decomisaron la carga de cuatro barcos negreros –y liberaron a sus prisioneros- y de dos naves inglesas y una de los Estados Unidos.
Tras el retiro, decidió hacerse cargo de la atención de las haciendas que le había adjudicado el gobierno peruano, San Javier y San José de la Nazca, donde funda un ingenio azucarero. Hacía tiempo que había perdido contacto con su familia, después de la expedición con Brown había convivido con su esposa sólo diez meses, y no llegó a conocer a su hija menor que nació después de que iniciara su expedición alrededor del mundo. En sus haciendas trataba a sus esclavos con la misma dureza con la que trataba a su tripulación. Harto de sus castigos, uno de sus servidores le dio muerte el 4 de enero de 1837.
Los restos de Bouchard permanecieron perdidos hasta 1962, cuando fueron encontrados en una cripta ubicada en una parroquia de la ciudad de Nazca, en Perú. El 6 de julio de ese año fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires por una comisión formada por la Armada Argentina y la Armada de Perú.


Fuentes Consultadas:          

www.elhistoriador.com.ar
www.lagazeta.com.ar

 
 
plume.com.ar
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